martes, 5 de marzo de 2013

El Cambalachero



Encontré esto en un cuaderno de mi bisabuela, quien vivía en el cerro de la Magdalena Contreras, mejor conocido como el Cerro del Judío. No tenía tachaduras por lo que supongo que fue escrito al dictado. Corrijo varias faltas de ortografía de las que no puedo culpar a mi bisabuela (yo creía que nunca supo escribir).
El original, escrito en tinta azul, lo tengo guardado en mi estudio.

Dicen que todo tiene, dicen que todo vende,
y toma lo que quiere de aquel que esto no entiende.
Avísale a los niños, si van al basurero
que no canten canciones, que escuchen bien primero,
y si oyen que alguien canta o que alguien va rïendo
hay que escapar corriendo, viene el Cambalachero.
En este cerro, dicen, que fue un hombre enterrado,
por brujo y hechicero fue muerto inconfesado;
un mal cristiano, cuentan, avaro y usurero
cuya mansión y reino fue todo un basurero.
El fin de sus pecados halló entre la basura,
pero de su captura nació el Cambalachero.
Como el ropavejero que el pepenar pregona
camina como un hombre, parece una persona;
pero bajo el sombrero se esconden unos cuernos
pues lleva la basura de aquí hasta los infiernos,
y lo único que quiere por darse bien pagado
es ser alimentado con unos niños tiernos.
Si vas al basurero y no quieres encontrarlo
éstas serán las señas para identificarlo.
Parece un hombre alegre que siempre va cantando,
y una risilla aguda suelta de vez en cuando;
y empuja su carrito con todo su tesoro:
entre cacharros y oro, niños que van llorando.
Que no vaya a pasarte lo del niño goloso
que le cambió unos dulces por su peluche de oso.
Y viendo que obtenía los dulces sin dinero
pensó en darle sus caries a cambio de un dulcero;
creyó que así obtendría más dulces y una cura
pero su dentadura tomó el Cambalachero.
Que no vaya a pasarte lo de la niña inquieta
que fue a cambiar sus libros por una patineta,
después por matatenas, después por un balero.
—Yo quiero mil juguetes, leer no es lo que quiero—.
—No volverás a leer y tendrás mil juguetes—.
Su vista en dos piquetes tomó el Cambalachero.
Que no vaya a pasarte lo de ese niño avaro
que siempre había querido tener algo muy caro.
Dar a su perro a cambio de joyas fue primero,
después dio a su hermanita por su peso en dinero;
después lo quiso todo, pidió una vida nueva
y en su carro lo lleva preso el Cambalachero.
Y aún menos que te pase lo de las dos hermanas
que siempre las dejaban solas por las mañanas;
jugaban todo el tiempo y hacían lo que querían
pues nunca les dijeron qué sí y qué no debían;
del hombre en la basura nunca les advirtieron
y a donde enteras fueron, partidas volverían.
Cuando en el basurero halláronlo de frente
de nada sospecharon al verlo tan sonriente.
Las dos, pobres, pensaron que nada podían dar
lo que les ofrecía no lo querían pagar.
—Paguen con lo que tengan, no paguen con dinero—.
Así el Cambalachero trataba de incitar.
Les ofreció muñecas cambiar por sus vestidos,
ellas lucían nuevas y aquellos percudidos.
Las regañó su madre cuando a casa llegaron
porque sólo con fondos las calles caminaron.
Al otro día volvieron a deshacer el trato,
y tras buscar un rato de nuevo lo encontraron.
Y sus vestidos viejos ahora eran hermosos,
debían dar algo más pues eran más costosos.
Por no dar las muñecas, ofrecen sus zapatos,
con todo y calcetines hicieron nuevos tratos.
Las regañó su madre con gritos resentidos,
seguro esos vestidos no fueron tan baratos.
Al otro día volvieron y él ya estaba esperando,
las calcetas muy blancas, los zapatos brillando.
Al no tener más cosas pensaron un engaño,
tener de vuelta todo a cambio de un regaño;
finalmente su madre les dio tantos y tantos
que darle algunos cuantos a nadie haría daño.
—Tomaré sus regaños de ahora y de mañana—.
Creían haber ganado, pero a él nadie le gana.
Llegaron a su casa. Ya nadie les gritaba,
la casa estaba sola, nadie las esperaba.
Él se llevó a su madre con todo y sus regaños;
lo que empieza en engaños, con engaños acaba.
Volvieron, pues, corriendo y llorando al basurero,
sonriente ya esperaba de pie el Cambalachero.
Zapatos y vestidos, calcetas ofrecieron
pero valían menos que aquello que vendieron.
—Para llegar al precio falta sólo una cosa—.
Y con voz temblorosa lo último ofrecieron.
Ya muy desesperada y con lágrimas secas
una hermana le ofrece las dos nuevas muñecas.
—¡Yo tomo las muñecas!— gritó el mago usurero,
y en todo el cerro oyeron un grito lastimero.
Cayeron los juguetes de unos muñones planos:
brazos, muñecas, manos, tomó el Cambalachero.
La niña manca llora, su hermana es la siguiente
pero él da ojo por ojo y también diente por diente.
—Si una no tiene manos, que otra no tenga pies,
pues si una va al derecho, que la otra esté al revés—.
De la otra hermana toma tobillos, pies y piernas.
Amigas siempre eternas, en casa ya otra vez.
Las niñas son ahora vieja de dos cabezas,
fue un castigo del diablo por andar de traviesas.
Una de ellas camina porque la otra no puede,
y la que tiene manos, a la que no, las cede.
Por ellas es que dicen que es malo el basurero,
porque el Cambalachero ahí tiene su sede.
Dicen que todo tiene, dicen que todo vende,
y toma lo que quiere de aquel que esto no entiende,
que toma la basura que tiramos nosotros
pues la basura de unos es el tesoro de otros.
Avísale a los niños que allá en el basurero
hay un aparecido con carro y con sombrero.
Que no canten ni le hablen, que dejen la basura
y corran con premura de un tal “Cambalachero”.

Hay una anotación antes del poema: “Un círculo de nueve sirios curados, tomillo y hierba santa para el escudo, cada día sexto de mes”.
No sé si es un poema o algún tipo de oración. Yo creo que mi bisabuela lo tenía por la segunda, ya que le faltaban tres dedos de la mano izquierda.

Mario Conde
Agosto 2011






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