jueves, 19 de septiembre de 2013

El hombre largo


Julio 4
Nuevo archivo: VM292, Victoria Martínez; edad, ocho; vive con ambos padres, sin más familiares en casa; estudios normales. Origen del miedo: desconocido.
No debo hacer juicios rápidos, pero me sorprendió. Cuando llegó estaba inconsolable, no noté señales de enojo en la madre que pudieran apuntar a un regaño reciente. Vicky negó sufrir algún tipo de violencia en casa o la escuela; la madre dijo que lleva cerca de una semana llorando cada vez que salen a la calle, lo que imposibilita la relación de la niña con cualquier persona ajena a su casa.
Se calmó después de unos minutos con los juguetes y le pregunté por qué lloraba. Opuso la resistencia normal del primer acercamiento, pero a diferencia de otros estados de negación, Vicky dio argumentos: “para que ya no pase nada”. Por lo demás, es una niña abierta al diálogo y con un vivo interés por todo. No insistí. Cuando la sesión terminó se presentó otro caso de histeria y Vicky se rehusaba a salir.
Confesó que tenía miedo pero no indagué más. Estoy convencida que su agorafobia tiene un foco en específico. No le tiene miedo al exterior, sino a algo en el exterior.

Julio 7
Archivo VM292. La agorafobia de Vicky es degenerativa, su madre dice que presenta delirio de persecución desde ayer.
No hablaba menos, pero sí en voz baja. Estuvo muy nerviosa y miró todo el tiempo la ventana. Cuando abrí las persianas para enseñarle que estábamos en un tercer piso y que nadie podía vernos empezó a negar con la cabeza y a decirme que me quitara.
Le pregunté si alguien había entrado por la ventana para hacerle daño, negó de inmediato y dijo que no ya no abría su ventana para nada. La sola mención de que alguien pudiera entrar la aterró. (Mem., preguntar de los vecinos.)
Aunque seguía interesada en los libros y los Legos, le costó concentrarse y esta vez no dejó de estar nerviosa. No quiso representar su miedo ni en plastilina ni en dibujo. Su madre tampoco había conseguido información, pero es seguro que la presionó. Tuve que portarme como su amiga, contarle de mis pasatiempos y poco a poco llegué a hablar de los miedos. Entre las cosas que le asustaban, mencionó a un “hombre largo” y luego no quiso hablar más de él. (Mem., hablar del padre.)
No informaré a la madre de nada para evitar una falsa alarma. Pero la siguiente sesión conseguiré una declaración. Temo algún tipo de abuso.

Julio 8
Archivo DH139. Lamentable retroceso en la interacción social de Daniel.
Quizá había que alertar de un posible agresor de menores; de la sesión anterior a ésta, Daniel desarrolló síntomas de agorafobia similares a los del caso de Vicky. El nuevo temor agrava la ansiedad en el autismo del niño que no tuvo problemas en señalar a un agresor: “el hombre largo”, del que hizo dos dibujos; en ambos aparece con suéter y pantalón negro, sin cara. (Mem., ausencia de cara, quizá amnesia post-trauma.)
Daniel y Vicky asisten a la misma escuela, veré que los padres mantengan vigilados a los demás niños y alerten de cualquier sospechoso a la hora de entrar y salir.
Consulté con la madre de Daniel, negó haber visto al niño en contacto con ningún hombre vestido de negro. Por lo demás, su reacción fue la esperada en una madre que mira impotente el daño que se le está haciendo a su hijo.
Me inquieta que el aviso a la escuela deba esperar, pero ya inicia el fin de semana y es un tipo de alivio. Voy a necesitar una pastilla para dormir con calma. (Mem., tres semanas sin usarlas, *sólo hoy*.)

Julio 11
Archivo VM292 con copia al CB175.
A la una de la mañana recibí una llamada de la mamá de Vicky porque ésta tenía una especie de ataque de pánico, pude oír a la niña llorar. Me pidió hacer la consulta en su casa. Es lo mejor. Le repetí que era necesario avisar en la escuela de la posible amenaza. Fue lo mejor, en la tarde tuve otra pista del agresor.
La consulta de César no tuvo otro contratiempo. El divorcio de sus padres ya no es más un problema y parece haberle dejado cierta madurez que no es rar en un niño de doce, pero sorprende.
Mientras César me contaba su día, caminaba por el consultorio como siempre y encontró debajo del librero uno de los dibujos de Daniel. Olvidé guardarlo, pero César dijo reconocer al “hombre largo”. Así lo llamó. Le pregunté si lo conocía, dijo que no y que no quería. Dijo que los niños hablaban mucho de él, una especie de rumor que se contaban por internet. (Mem., buscar.) Como supuse, “el hombre largo” busca niños como víctimas, a algunos los asusta por mucho tiempo y dijo que ha matado a algunos. Le pregunté por el suéter negro, respondió que no es un suéter sino un traje, a veces con corbata.
Y que no tiene cara.
César tiene un modo cruel de decir algunas cosas, y en su voz la historia impresiona, da miedo; hasta cuesta separar lo inventado de lo real. Ahora sé que todos niños lo reconocen, pero no se lo cuentan a ninguna autoridad, padres o maestros.
Todavía no entiendo muchas cosas, ¿cómo fue un rumor?, ¿lo habrá empezado un niño que fue atacado por él? ¿Qué quiere decir con que “los asusta por mucho tiempo”?, ¿desde hace cuánto que este hombre ronda por la escuela? Y lo que es más raro, ¿cómo lo conoce César, que no va a la misma escuela que Daniel y Vicky?, ¿por qué dicen que no tiene cara? (Mem., copia de todo al pizarrón.)
Más tarde fui a casa de Vicky. Cerraron todas las ventanas y cortinas y dejan las luces prendidas. La niña estaba aferrada a su madre y no quiso separarse de ella en ningún momento. Pobre de la madre, tenía dolor de cabeza y mareos, seguramente por la preocupación.
Entre las dos trataron de contarme lo que pasó en la madrugada. La señora Martínez dijo que fue una pesadilla; Vicky aseguró que vio cómo “él estaba parado en la ventana”. La niña tiene su dormitorio en el segundo piso y no hay balcón o algo parecido, ni siquiera un árbol cerca de la ventana que pudiera hacer algún tipo de sombra. (Si soy sincera, me asusté.) Tuve que preguntarle por “el hombre largo”. No reaccionó bien, me confirmó que todos los casos están conectados. No pude contarle nada a la madre sobre el rumor de ese hombre porque Vicky se opuso, se esforzó en que ella no escuchara. No quiere que sepa.
Dejé una nota con instrucciones a la señora Martínez para hacer la denuncia del “hombre largo”, incluida una descripción del individuo.. Ahora que lo pienso, tal vez use alguna máscara o una media en la cabeza, de ahí la supuesta falta de cara.
Mañana me dedicaré a investigar en internet los rumores de los que habla César, hoy me siento demasiado cansada. (Mem., tomaste otra pastilla, ya no más en al menos tres semanas.)

Julio 12
Archivo VM292 con copia al DH139 y al CB175.
Posible caso de histeria colectiva infantil. (Mem., ¿registros similares?) Hay conexión entre el primer caso y el segundo. Buscar relación al tercero. Averiguar si los síntomas se han propagado entre la comunidad.
La investigación me deja intranquila. Como “el hombre largo” es un rumor de internet, empecé por ahí. Esperaba tener que buscar en páginas escondidas, preguntar a gente en lo profundo de la red, pero el buscador arrojó muchas respuestas y todas bien documentadas.
“El hombre largo” es una entidad que fue descubierta en los ochenta dentro de una fotografía donde varios niños juegan en un parque, con un fondo de árboles. En un punto de la fotografía, camuflado con el entorno, se ve a un hombre muy alto (de verdad alto, algo más de dos metros) vestido de negro, sin cara y con tentáculos. Los niños no notan que él los está viendo. Supuestamente, todos los niños de la fotografía (catorce) desaparecieron uno a uno y también la fotógrafa que los retrató.
Dicen que esa foto fue descubierta hace un par de años en una casa que se incendió y desde ese momento empezaron a circular imágenes más recientes del “hombre largo”, siempre en la misma actitud de “mirar” al fotógrafo, con su cuerpo alargado que parece un árbol y que sólo se distingue por la cabeza blanca.
No tiene cara.
Encontré que basan estas leyendas en relatos muy antiguos, un supuesto “Grossman” alemán, la leyenda de Escocia “the black man”, e incluso el alû, un demonio que aparece en las mitologías acadias, sumerias y babilonias. Todos bajo la misma descripción de un hombre alto, tenebroso, que ataca siempre niños. En unos casos se los come, en otros los mata o los desaparece.
La verdad, creo que entré demasiado al juego.
Encaja con algunas cosas descritas por César o el dibujo de Daniel, pero en la página donde encontré esta información (la primer opción en el buscador) termina su artículo con la aclaración de que todo lo dicho es falso. La misma página asegura que “el hombre largo” no existe y desmiente su relación con todos los demás mitos.
Dudo que los niños se hayan detenido antes de leer esa aclaración, eso claro, si parto del supuesto de que la información la leyeron. Debe haber un niño que se haga el listo con los demás y les cuente la historia como cierta, lo que puede impresionar a algunos y hacerlos imaginar que “el hombre largo” los persigue realmente.
Puede ser una versión moderna de “el señor del costal”, “el robachicos”, “el cambalachero” o “el coco”, todas hechas para adoctrinar. Pero no he visto ningún caso de fobia al “señor del costal”. (Mem., quizá antes, buscar.) ¿Por qué “el hombre largo” los impresiona tanto?
Estoy casi segura que alguien está tomando ventaja de este miedo. Aunque no es tan grave como mi primer sospecha, no deja de ser indignante.
Puedo estar un poco más tranquila y me hacía falta. Entre el medicamento, el calor y los nervios, la nariz me sangró frente a la computadora un buen rato.

Julio 13
Archivo AD078
Angélica ha superado las dificultades para centrar su atención, excepto por la hiperactividad física. Necesita caminar para hablar. Nuevo caso del “hombre largo”.
Aunque ha podido bajar a una sesión quincenal, temo el efecto que la leyenda del “hombre largo” pueda tener en su ansiedad. Me contó de todo lo que había hecho desde la última vez que hablamos. Su padre siguió mi recomendación y la lleva a natación para aprovechar la energía; también baila mucho en su casa pero apenas ha podido leer, porque pocas cosas atrapan su atención como para mantenerla sentada. Lo único que leyó sin aburrirse fue, justamente, la historia del “hombre largo”. Me dijo, muy tranquila, que le había asustado la historia y que preguntó a todos sus compañeros de grupo si la conocían. Dudo que con la voz chillona de Angélica y su poca seriedad alguien se haya asustado (hasta a mí me pareció una historia simpática), pero hay que estar atentos, tal vez fue así como Vicky o Daniel se enteraron, de manera casual, sin que alguien quisiera asustarlos.
En la noche llamaré a Ramón para contarle. Me asusta y me emociona pensar que tal vez conozca algún caso con “el hombre largo”, aunque él no trate niños; si es cuestión de una historia en internet, dudo que tenga límite a una ciudad o edad.
Además, oír su voz otra vez me va a ayudar a dormir. (¡Dos días sin pastillas!)

Julio 14
Archivo VM292. Sesión cancelada por daños físicos a la paciente. Origen de la agresión: desconocido.
Vicky está en el hospital. Su mamá llamó, ambas están en choque emocional. Me contó que regresaban de la escuela cuando la niña empezó a ponerse nerviosa; luego echó a correr hacia la casa en un ataque de pánico. La señora intentó alcanzarla en el parque pero la perdió de vista. La encontró escondida en un juego, pálida y muda. Contó que cuando le tocó la espalda la niña gritó y ya ni siquiera lloraba, pero tenía sangre en la ropa. Está en el hospital por un corte que no sabe cómo se hizo. Pero dice que son cortes largos, como de un alambre.
Ya bastante intranquila estaba yo ayer por la noche para ahora tener esta noticia. Ramón me contó que, efectivamente, tiene un paciente que alucina con un hombre alto sin cara. El tipo parece que ha tenido esquizofrenia toda su vida; por los medicamentos ha podido lidiar con ella pero tiene pesadillas con el hombre sin cara.
No sé qué pensar. El paciente tiene más de treinta años. Un niño de los ochenta. Voy a seguir de cerca lo que le ha pasado a Vicky. Espero que sea sólo una de esas coincidencias que nos hacen exagerar las situaciones. Tal vez sus heridas ni siquiera sean tan graves y yo las imaginé como la madre las describió con su preocupación natural.
César estaba tranquilo, hablaba con calma como pocas veces, pero no dijo nada del “hombre largo” y supongo que no hubiera estado bien preguntarle. Hablar con él, que parece conocer el tema, de verdad me hubiera dejado más tranquila.
Quiero evitar la medicina pero es eso o mañana voy a estar dormida en las consultas.

Julio 15
Archivo DH139. Ansiedad. Interacción inusitada. De nuevo “el hombre largo”.
Esta vez Daniel llegó temprano, según su madre, porque él se lo pidió. Su madre se emocionó porque él estaba muy ansioso por verme. Sabía que Daniel aportaría algo a mi investigación y lo hice pasar un poco antes de tiempo.
Me enseñó varios dibujos, todos del “hombre largo”.
Uno me dejó sin habla y por más pastillas que tome, me va a mantener con la cabeza ocupada toda la noche. Era el hombre largo, grande como un árbol, parado a lado de una casita de colores con un columpio. Debajo de la casita había un niño con las manos en la cabeza. Del “hombre largo” salían muchos brazos y unos de ellos estaban sobre el niño. Cuando le pregunté a Daniel que quién era el niño, sólo me corrigió: “es niña”.
Todavía tengo la esperanza de que alguien haya tomado el mito del “hombre largo” para llevarlo a la realidad con el fin de asustar gente. Quizá sea una de esas histerias colectivas cíclicas que vuelven de tanto en tanto (como el temor al “fin del mundo”), una que quizá inició en los ochenta (lo que originó la esquizofrenia en el paciente de Ramón) y otra se está dando en este momento. Incluso deseo que se trate de algún sociópata que de verdad se cree “el hombre largo” para dañar personas. Eso me hace pensar que el culpable es real, existe y puede ser capturado.
Pero entonces, ¿cómo hizo Daniel este dibujo? Él debía estar en el parque, a la hora de la salida de la misma escuela de Vicky. La vio correr, la vio llegar al juego. Pero la madre de la niña no vio a nadie, un hombre de al menos dos metros de alto no saldría de la vista tan rápido. ¿Cómo pudo verlo Daniel y no la madre?
El “hombre largo” del dibujo tiene tentáculos y Vicky tenía cortes. ¿Será que no todos pueden verlo? ¿Sólo los niños y algunos esquizofrénicos?
(¿Podré verlo yo?)

Julio 16
(Investigar sobre los “Tulpas”.)
La madre de Vicky llamó para informar que la dieron de alta ayer por la noche. Pasó el día entero en peritajes e investigaciones. Como la mamá no supo explicar el origen de la herida, se sospechó de ella y su esposo. Qué horror. Voy a testificar que ellos tienen un historial limpio.
Llamé a Ramón para ver si podía darme más datos sobre su paciente. Tiene razón, no debería involucrarme tanto en esto, me dejé llevar por la superstición y me he obsesionado. El ataque a Vicky me deshizo los nervios. Pobrecita. Espero que encuentren a quien sea que le haya hecho daño, que lo encierren y que se pudra ahí.
Si me dejo llevar por la alucinación colectiva, voy a perder la objetividad y no podré ayudar a nadie. Fue un momento de debilidad.
Quería hablar con Ramón. Ojalá siguiera aquí. Evito los medicamentos para que él se sienta seguro, pero me da remordimiento saber que ayer fue una dosis doble. Hoy no lo sé. Le pedí que me dedicara un abrazo y lo hizo. Tal vez se anima a regresar.

Julio 17
De acuerdo al budismo tibetano, un Tulpa es una entidad espiritual creada con el pensamiento.
Copio aquí algunos párrafos que encontré en internet:
“El tulpa es una construcción mental que obtiene consistencia física gracias al poder de la voluntad y la imaginación. Son creados por monjes o iniciados después  de una larga y profunda meditación; su materialización va más allá de lo visible y lo palpable, también emite olores y sonidos, incluso puede generar su propia consciencia. Según el vajrayāna, el universo no es más que un flujo de conciencia; ningún fenómeno existe fuera de la conciencia. El tulpa puede tener la forma de un objeto, un edificio, un animal o un ser humano, aunque al ser un producto de la imaginación, podría deformarse en un número infinito de figuras.”
(Algo de lo dicho por Freud en El malestar en la cultura sobre la conciencia colectiva como un mar inmenso que conecta una mente con otra. Él se refería a la igualdad humana en un nivel inconsciente. ¿Podría tener esta relación?)
“Estas proyecciones mentales, en teoría, deben tener una vida corta. En poco tiempo se deterioran y desaparecen sin dejar vestigio alguno de su paso por el mundo terrenal. Sin embargo, la vida del tulpa podría prolongarse si ha surgido de algún pensamiento muy intenso, ocasionado por alguna pasión desmedida, una fe sin límites o un miedo muy profundo. Además, si se prolonga la meditación que le ha dado forma, su vida podría prolongarse de igual manera.”
¿No se dice del sueño que es el estado de mayor actividad para el cerebro? ¿Podría considerarse al sueño una especie de meditación? Una pesadilla nos hace despertar llorando, podemos enterrarnos las uñas a la piel sólo de la tensión que nos generan, los ojos se mueven a velocidad de vértigo; si huimos, despertamos cansados; si nos golpean, despertamos adoloridos; si caemos, despertamos en el impacto; si golpeamos, despertamos con el puño en el aire. Una pesadilla constante podría ser un tipo de meditación. Si nos impide dormir y permanecemos la noche entera pensando en ella, ¿es también una forma de meditar?
¿Una pesadilla colectiva será una meditación prolongada?
“Si la creencia es fuerte y duradera y la visualización del tulpa es difundida, el ente espiritual podría aumentar su poder a medida que más gente crea en él. Esta creencia es la pieza fundamental para la fuerza de las entidades malignas en varias novelas de Clive Barker y Stephen King.”
Podría ser cierto aquello de que “el hombre largo” existe desde las civilizaciones más antiguas, cuando la fe era más influyente en el pensamiento y el hombre le temía a aquello que no podía entender. Eso podría debilitar al tulpa por un período de tiempo, sin desaparecerlo, hasta que alguien vuelve a encontrar un relato o una imagen. La leyenda pasa de una persona a otra y el pensamiento reactiva al tulpa.
Si es cierto que el tulpa aumenta de poder mientras más gente crea en él, la red es nuestra peor enemiga. Cientos de miles de niños leyendo la historia del “hombre largo” se llenan de miedo y cuentan la historia a otros cien mil niños más. El ciclo se repite y el tulpa es alimentado por una inmensa red de pensamientos.
“Si un tulpa comenzara a existir por cuenta propia —sin que su creador decida su momento de aparición o desaparición— la entidad deja de ser imaginaria; pierde su liga con el pensamiento y es muy difícil volver a controlarlo o eliminarlo.”
Aunque cada persona que haya pensado en “el hombre largo” dejara de creer en él o deseara su desaparición, el pensamiento no le afectaría. Si está ligado aún a nuestras mentes, cada mención lo hace más grande y fuerte. Si se ha separado de nosotros, da lo mismo mencionarlo o no, existe y está ahí afuera sin que haya nada que podamos hacer. Los niños ya lo sabían y por eso no quieren hablar de eso.
Tal vez aún no exista como tal. La mamá de Vicky no vio a nadie a lado de ella en el juego. Quizá sólo puedan verlo los que saben de él. Ahora creo que si llega a aparecer, yo podría verlo.
Nada me hará dormir hoy; he pasado el día calmándome y no sé en qué momento se acabó el frasco. Podría poner algunas películas. Deben faltar cinco o cuatro horas para que amanezca.

Julio 18
Archivo VM292. Entrevista casera.
(Ramón dice que debería abrir mi propio archivo. De algún modo lo es, la bitácora se ha vuelto como un diario y yo aparezco tanto como los pacientes.)
Quiero salir de esto, quitarme del camino y regresar al punto en que no sabía nada del “hombre largo”. Siento que no paso un segundo sin pensar en él, y no debería, sólo lo hago más fuerte. (¿Hablar de él como si fuera real?)
Escribirlo me relaja. Es como contarlo pero sin víctimas. En este caso, una persona más que sepa del “hombre largo” sería perjudicial (en teoría). Y con los niños he tomado la resolución de no hablar al respecto. Hoy intenté distraer a Vicky, la terapia debe ser su momento de distención, su ambiente de comodidad. Me enseñó sus muñecos de peluche, sus películas, escuchamos algo de su música; también hablamos de sus heridas, que le habían dejado de doler, se movía despacito y yo le pedía que no se apresurara, pero ninguna de las dos dijo nada de Él. Creímos que eso ayudaría; luego terminó la sesión.
Me despedía de Vicky y su mamá en la puerta de la casa, me incliné para abrazar a la niña y la vi perder el color, le temblaba el labio, veía algo encima de mi hombro. Me asustó más su reacción que lo que podía estar detrás de mí. La pobrecita agarró la mano de su mamá y la apretó con tanta fuerza que la mujer protestó. Yo no vi cuando le dijo que le hacía daño, quise ver qué asustó a Vicky. Algo entre un poste de luz y los árboles, algo como un globo atrapado entre las ramas, blanco, amarrado con una cuerda muy gruesa, o un cable suelto. No vi muy bien; quise tranquilizar a la niña y le dije que todo estaba bien pero ni yo misma me oía convencida; cuando su madre me preguntó sobre mi palidez dije que había sido la misma preocupación por su hija.
Apenas cerraron la puerta miré el mismo árbol. Ni globo ni cable o cuerda o lo que fuera. Nada en el cielo. No sé si de verdad vi algo o estos días me han sugestionado, pero tengo la imagen de la cabeza calva y blanca, sin cara. Saqué el celular y tomé una fotografía del árbol y el poste. Tengo el aparato aquí a mi lado pero no quiero mirar la foto, ni siquiera cuando haya más luz. El día y la noche son indistintos para Él.
Archivo CB175. Demasiada distracción.
No me porté nada profesional con César. Apenas y le presté atención, de hecho no tendría nada más que escribir si no fuera porque él sacó el tema. Dijo que se me notaba el miedo. “Siempre va a estar ahí, atrás de algo” me dijo, “no le haga caso”. Estuvimos callados mucho tiempo después de eso, pero teníamos la misma idea: la ventana. En ella sólo se veía el cielo y algunos cables de luz que atraviesan la calle, nada más. Ni siquiera una rama o parte de un transformador o un poste, ni una lámpara. Empecé a imaginar qué haría yo si la cabeza blanca y calva empezara a surgir desde el marco, como un globo que sube y la imaginé tambaleándose. Sin querer, me quedé viendo la ventana como si eso fuera a evitarlo, luego noté que César también veía la ventana. Sonrió y yo me sentí enojada con él, fue como una burla, no lo sé; se levantó y caminó muy despacio a la ventana, yo lo iba a detener porque estaba segura de que pensaba asustarme, tal vez saltando de pronto hacia mí o iba gritar, la verdad habría reaccionado muy mal con cualquier broma. Nada más cerró las persianas. “Si le da de comer y lo tiene contento, no pasa nada.” Eso me dijo.
Después de esto hablamos de otras cosas de las que ya no me acuerdo. Luego se fue y me dejó la intranquilidad que ya tenía en el consultorio y que tengo en este momento, ¿por qué cerró las persianas? ¿Para calmarme o como prevención? No me animo a abrirlas y la cabeza me mata a punzadas, necesito otro frasco. (Mem., se acabó la prescripción, a usar la propia.)

Julio 19
Archivo AD078. Angélica sufrió un accidente. No sobrevivió.
Me siento culpable por dos razones. Uno: yo recomendé las clases de natación. La segunda no quiero pensarla, hasta parece una estupidez. La obsesión es sacar a colación el mismo tema en cada momento; en la obsesión pareciera que todo lo que a uno le rodea confabula para relacionarse con el tema. La obsesión es construida. No tengo idea, nada me puede confirmar qué es lo que tiene que ver, más bien tengo miedo de que él tenga que ver con el accidente. Su padre no me dio mucha información y antes de volverme grosera por todas las preguntas que se me ocurrieron, le di el pésame, le reiteré mi apoyo y colgué.
Aunque no quiero alimentar los pensamientos, busqué si él tiene por costumbre hacerle daño a las víctimas. Debe haber algún tipo de patrón (no sé por qué), pero la información es contradictoria o confusa.
Unos dicen que es un torturador psicológico, que sólo se entretiene si está inmerso en los pensamientos de la víctima. Otros (los que se apegan al origen antiguo) dicen que usa a los niños de alimento; otros, que daña por diversión al azar; otros que es un secuestrador y se queda con las víctimas para “jugar” con ellos; otros que es un asesino sanguinario.
Parte de la culpa es que quise convencerme de que sólo los niños eran sus víctimas. Encontré una cinta (nadie aclara si es falsa o no) de un hombre que hizo una declaración frente a alguien que parece ser un militar o algo así. La cinta termina con interferencia de algún tipo, los gritos de los dos hombres; el supuesto ataque de Él.

Julio 20
Otra llamada con peores noticias, pero quien las dio las desconoce.
Ramón investigó sobre Él después de consultar un poco con su paciente. Me dijo que busco la información de la leyenda en la red. Por supuesto, ha leído lo mismo que ahora sé. Yo me hice la desentendida y le dije que había dejado el tema de lado.
Estúpida de mí por haberle dado la idea. Por favor, que él esté pensando en otra cosa.

Julio 21
Archivo VM292. Sesión cancelada. Ataque de ansiedad. Descontentos con la madre.
Vicky se niega a salir de su cuarto y aún más de su cama. Quiere quedarse debajo de las cobijas con la luz y la televisión encendidas. La madre me ha llamado muy molesta con la queja de que, en lugar de mejorar, la niña se ha puesto peor desde que asiste a terapia y estuvo a punto de renunciar a ellas en nombre de su hija. La convencí de que no lo hiciera, que el proceso era lento y nos habíamos visto muy poco como para tomar una decisión así. La verdad es que la terapia me importaba poco (aunque esté mal pensarlo), quería saber de Vicky para saber más de Él. Luego la madre y yo nos calmamos. Todo es por los nervios, no sabemos qué hacer o por qué pasa todo esto, las dos queremos terminarlo.
Le recomendé a la mujer que cubriera las ventanas de Vicky, le dije que las visiones del exterior agudizarían la agorafobia, que no estaba mal aislar su cuarto. La verdad es que desde que César cerró mi ventana no la he abierto; me causa mucha ansiedad, pero verlas cerradas es mi única fuente de confianza.
Creo que haré lo mismo con las otras ventanas de la casa.

Julio 22
Archivo DH139. Los dibujos de Daniel.
De nuevo trajeron al niño temprano. Lo hice pasar. Se sentó en el cojín a lado del librero en el que siempre se acomoda, le pregunté cómo estaba y sólo sacó el papel que llevaba en la bolsa. El otro dibujo donde una niña está flotando en el agua; en una orilla hay varias personas y un camión con una cruz roja, en la otra un hombre sin cara vestido de negro.
Le di papeles y colores y los acomodé a lado de él. Esperé, empezó a columpiarse sentado haciendo ese chasquido con la garganta de cuando está nervioso; luego agarró un papel y los colores y sacó un dibujo tras otro. En el primero, Él estaba afuera de una casa, tan alto como ella; todas las ventanas estaban tapadas. El segundo era de varios niños en el parque, alrededor de Él, con pelotas y otros juguetes; todos estaban sonriendo o al menos su cara no era de tristeza. En el último, Él estaba entre un árbol y un poste, igual de grande que ellos, del otro lado de la hoja había una casa y otro camión con una cruz roja. En la ventana una niña con la cara roja.
No dejé de ver los dibujos, los entendía y estaba muy asustada, por eso dejé de ver a Daniel. Me di cuenta de que se estaba pegando hasta que se cayó uno de los libros; se abrió una herida en la cabeza y ya empezaba a sangrar, pero él no lloraba ni daba muestras de dolor. Estaba igual de pálido que yo.
Avisé a su mamá que lo esperaba fuera. Me gritó y se lo llevó muy enojada, yo le dije una verdad y una mentira: que no he dormido en días y que me venció el sueño, por eso lo descuidé. Sé que me va a denunciar o algo así, pero tengo otras cosas en qué pensar. Las cosas se aclaran, no dejan de ser terribles, pero las entiendo más. Es un presentimiento fuerte, estoy convencida de las cosas. Por ejemplo, los dibujos.
Pensé que el primero debía corresponder a Vicky; el segundo me remitió a César y me enojé aún más con él, casi odio al niño. No sabía qué pensar del último pero es claro que ese árbol y ese poste son los que están fuera de casa de Vicky donde creímos verlo la última vez que fui (no sé si sentirme en paz porque sé que va a vivir o desesperar porque ella va a ser su diversión). Entonces el primer dibujo es el de otra casa, una casa con las ventanas cerradas.
Estos dibujos son sólo de la gente que me rodea y que sabe algo sobre Él. Espero que Ramón no haya investigado nada más, por eso no le he contestado (llamó tres veces), porque no quiero que se hable más del tema entre nosotros. Yo lo voy a llamar, sólo para saber cómo está, pero antes voy a enfrentar todo esto. Estoy en el límite de la sugestión, no tengo más evidencia que lo que he visto en mis momentos de mayor tensión y el pánico que he sentido se agudiza con mi falta de sueño y medicamentos. Anoche caí en cuenta de la seguridad de César, ya sé cómo darle de comer y tenerlo contento. Yo he sido su comida.

Sólo hay una respuesta y según este dibujo, puede estar afuera de mi casa. Voy a guardar estas hojas en el diario para corroborar lo que sea que pase y voy a abrir las persianas y la ventana y voy a aventar todos estos apuntes. Van a ser un anzuelo y algo de comida van a atrapar.  Cuando abra la ventana sabré cuál es el destino que Él me prepara. Lo que sea que me espere en el vidrio va a ser la verdad, no me importa si algo me confirma mis alucinaciones o una realidad horrible. Voy a ver por la ventana y luego voy a llamar a Ramón.

Mario Conde
-Marzo 2013